Pedro
Autor: Pedro Ripol. Abogado. 37 años.
Mi historia.
Pedro Ripol, 37 años, vivo en Tenerife, Los Cristianos. Soy abogado, y comencé la tricotilomaína (trico) en la etapa de la pubertad, 13 años aproximadamente.
El comienzo y la causa de mi trico puede ser la siguiente. Una psicóloga de Barcelona me comentó, tras estudiarme, que casualmente comencé con la trico justo cuando decidí dejar de mortificar diariamente a mi hermano mayor. Yo siempre fui físicamente más fuerte y me regodeaba amordazándole y riéndome de él frente a las amigas de la familia (tenemos 2 hermanas). Mi hermano siempre se ponía coloradísimo de la rabia y la impotencia. Un día mi padre me dijo que yo ya era suficientemente mayor y que debería dejar de maltratar a mi hermano. Así lo hice y justo en esa época empezó la trico. Ojo, puede ser una casualidad.
Mi trico se agudizaba sobre todo cuando cursaba estudios secundarios (BUP, COU) y en la Universidad. En el trabajo no siento tanto este impulso, salvo raras ocasiones (pecho y barba). Suele ocurrirme cuando estoy en casa, desnudo, etc. Me miro la zona a arrancar, la meso, agarro algún pelo y... zas, continúo hasta arrancarme todo el vello, o bien, haciendo un gran esfuerzo un esfuerzo, me afeitaba y... muerto el perro, muerta la rabia.
Me arranco principalmente de la zona genital, axilas, centro del pecho, y en momentos de máximo estrés, hasta pelos de la barba, piernas, incluso de la cabeza (zona frontal centro). No he padecido depresión, que yo sepa. Sí estrés profesional, aunque ahora ya mucho menos. Los comienzos, como en todo, fueron duros.
No soy tímido y sí muy deportista. Recuerdo a mis 15 ó 16 años, antes de exteriorizar mi trico, que me daba apuro ducharme en baños públicos, como gimnasios, por la vergüenza de que se rieran de mí. Más adelante, con las chicas, no me atrevía que me miraran o tocaran (entre ellas se preguntaban, pasados los años me lo comentaron, que si yo era homosexual). No es el caso.
Fue graciosa la primera experiencia sexual. Al ver que la chica no hacía comentario alguno sobre mi falta de vello en determinadas zonas, genitales, axilas, etc. le pregunté: ¿No has visto o notado nada raro en mi cuerpo?, su respuesta sencilla y hasta sorprendida fue un claro: ¡No!, qué te sucede. Ese día dejé de darle tanta importancia a mi falta de vello. Esa chica nunca sabrá cuánto me ayudó. Siempre pensé que no gustaría a las chicas por ese motivo.
He visitado a psicólogos en repetidas ocasiones y nunca he obtenido resultados. Desde el 19 de abril de 2006, cansado ya de tanto arrancarme pelos y buscando por Internet, un artículo escrito por el psicólogo José Manuel Pérez Quesada me brindó un poco de luz al final del túnel. Desde entonces, hace ya más de 7 meses, sólo me he arrancado en tres ocasiones. Antes del 19 de abril lo hacía varias veces al día y en varias zonas. Estoy animado a continuar con el esfuerzo de aplicarme el sistema cognitivo conductual y esperanzado a pesar de saber que esto va para largo o que es crónico.
Para despedirme, sólo quiero enviar un mensaje de ánimo y repetir la primera frase de un libro de trico que leí hace muchos años y que me enseñó algo importantísimo: “No estamos solos”.
Los Cristianos (Tenerife). 21 de noviembre 2006