Contestación al artículo de Rosa Montero (El País Semanal, 13.01.2008)

Torrevieja (Alicante, España) 19.01.2008.

Hola Rosa, me han pasado por casualidad tu artículo del Pais Semanal de fecha de 13 de enero y al menos me ha sorprendido por dos motivos, uno por que ya va siendo hora de que la tricotilomanía y los que la padecen aparezca en este verdadero poder que son los medios de comunicación y otro por que coincide un día antes de mi 52 cumpleaños, muchos de los cuales me los he pasado tirando del pelo.

Desde que tengo uso de razón he sufrido las burlas de los demás por mi trico.

Recuerdo cuando iba al colegio totalmente pelado "al cero" y la cabeza como una bola de billar, porque mi madre era la única solución que encontraba para tapar mis "calvas"; de las que se reían y burlaban con todo tipo de motes, "calvu, calvi, calvuria, calbito". Otras veces la gente mayor me decía que si tenía algo malo, algún cáncer, y yo les contestaba que no y al pedirme explicaciones de mi trico, no les decía nada, me callaba avergonzado.

Cuando me pelaban "al cero" estaba como unas dos semanas sin salir a la calle, para que la gente ni me preguntara ni se riera. Incluso algunos amigos eran sermoneados por sus padres diciéndoles que no fueran conmigo por que lo mío tenía que ser algo contagioso.

Poco a poco mi autoestima iba bajando y bajando, porque cada vez aguantaba menos las risas de los demás y las miradas de compasión, en un pueblo entonces, en donde la gente se conocía y todos sabían que yo era "el calvo" el hijo de Rosa.

Mi estado de ánimo iba y venía, la tristeza por momentos parecía que se iba a perpetuar, pero cuando existía algún acontecimiento importante como por ejemplo mi primera comunión, mi madre me pidió llorando que no me tirara del pelo, que era un chico muy guapo y que ese día tenía que demostrarlo simplemente dejándome de tirar y esta vez como en otras muchas no se porque, no me tiraba y pude hacer con bastante pelo la comunión.

Ahora si lo se, se me estaba reforzando cada día que no tiraba, con expectativas de éxito y con autoinstrucciones que mi madre sin saberlo me hacía tener, “que apuesto y guapo vas a estar el día de tu comunión”.

La atención es un reforzador muy potente que mantiene y/o aumenta las conductas. En mi caso y en el de muchos otros/as se da justo al revés, por hacer las cosas mal; pero no en este momento de mi vida, ahora se daba por no tirarme.

En la terapia de conducta, se llama refuerzo de conductas incompatibles al tirar –RDI- o refuerzo de otras conductas que no tuviesen que ver con el tirar –RDO. No es fácil, conseguirlo. Recuerdo que a mi mujer, le dije lo mismo, “¿por que en vez de darme atención cuando me tiro, enfadándote o discutiendo conmigo, no cambias el chip y me la das cuando no me tiro?”.

En esto como en otras conductas, los resultados son sorprendentes, pero ojo, o la otra persona colabora, o en vez de una habituación a conductas contrarias al tirar, se puede dar una muy peligrosa y es una sensibilización, que hace aumentar los parámetros del tirar, y es hacerlo con más frecuencia, con más intensidad, con más duración y con menos periodo de latencia.

Lo recuerdo muy bien, cuando mi madre a cada momento me decía lo guapo que estaba sin tirarme y que me viera como me salía el pelo, me lo decía, a todas horas, y sobre todo en situaciones sensibles al tirar como escribiendo, viendo la tv, o cuando estaba ensimismado. Claro que deje de tirar, en parte porque la situación futura (mi comunión) iba a ser muy reforzante, me iba a ver toda la familia, los amigos, el cura, etc.

Pero en mi entorno este refuerzo no se sistematizó. Los que más cerca estaban de mi no se mantuvieron con los refuerzos tanto materiales (regalos), de actividad (más tiempo para jugar) o los más potentes, los sociales; y de nuevo recaí.

Esta situación se ha dado más veces a lo largo de mi vida, siempre que tanto el contexto situacional como familiar se aliaban en reforzar positivamente por no tirar.

¿Es esta una solución? Es una de ellas, pero es que ni psiquiatras, ni psicólogos, ni médicos en general la tienen. Al menos ha sido mi experiencia y muy gratificante.

Mi infancia fue ir y venir con la trico, me afectó a mi autoestima, pero al mismo tiempo no se como, saqué fuerzas de valor y acabé el instituto trabajando los veranos e inviernos donde podía.

 Creo que no todo lo que me pasó con la trico fue tan desagradable, aprendí a fortalecerme frente a la adversidad, a saber que me iba a costar mucho salir adelante emocionalmente y económicamente, por la situación familiar.

Mi padre murió cuando yo tenía 6 meses en un accidente laboral y nos costó mucho salir adelante, mi madre limpiando pisos y hoteles y yo trabajando donde podía. Es decir que mi tricotilomanía comenzó en la primera infancia, con mejor pronóstico que si lo es en la preadolescencia.

Esa fuerza de voluntad que saqué, creo yo, de tanta adversidad, me ha servido para ver que la vida no es fácil, pero que si uno quiere puede llegar donde quiera, a no juzgar a la gente, a valorar más a las personas por como son que por lo que tienen, aparentan o parecen y a saber que nadie me iba a dar nada, que todo lo que quisiera me iba a costar.

A partir de mis 20 tantos años, iba consiguiendo casi todo que lo que me proponía, aprendí a bucear con botellas, que siempre fue la ilusión de mi vida, a correr maratones, a acabar en la universidad con dos titulaciones y un postgrado y también a enamorarme y tener tres hijos y una familia que me quiere mucho.

A saber que el buen humor es imprescindible en la vida y a aprender a equivocarme y no criticarme por ello, ya lo habían hecho mucho la gente en anteriores épocas de mi vida.

Así es que como verás a mi edad, me gusta decir que ahora no me tiro y que espero que sea por mucho tiempo. A decir que no somos gente rara, ni enfermos, ni tenemos ningún tipo de cáncer y que la vida hay que disfrutarla todo lo que podamos, que necesitamos que esto se investigue ya que por mucho que se empeñe mucha gente yo no me considero ningún enfermo, creo que soy una persona muy normalita con las limitaciones que puede tener cualquiera.

He aprendido a que en vez de preocuparme, ocuparme de los problemas, a ser medianamente libre, libre para hacer lo que quiero, cuando y donde quiero, porque vida solo hay una y hay que vivirla.

Rachel con sus 17 años no pudo hacerlo porque se quedó en el camino, murió el 1 de enero de 1999 en la operación de un tricobezoar, como lo llaman los americanos del norte, que son los que más investigan sobre esto. Puedes verlo en esta página web.

No voy a hacerme pesado con datos y más datos sobre la tricotilomanía, ese trastorno tan incapacitante y desconocido. Cifras ya has dado tú y están en mi web concretadas en un sondeo con población hispana.

Esperemos que debido a la difusión y tirada del periódico que todos sabemos y la calidad de tus artículos, la tricotilomanía se conozca más, porque en población española hay muy poquito investigado y por consiguiente se puedan establecer tratamientos sistematizados con validez empírica que ayuden a disminuir el sufrimiento de tanta gente.

Con respecto a las clasificaciones nosológicas estadísticas de los trastorno como el DSM-IV (R) son eso, clasificaciones psicopatológicas, muy serias por supuesto, pero basadas en síndromes y en la topografía de las respuestas que presentan los individuos no en el análisis funcional de las relaciones causales. Estas categorías hay que utilizarlas, pero el etiquetaje no puede sustituir a un buen análisis funcional.

Aquí te mando unas fotos relevantes que espero no hieran tu sensibilidad. A estas personas no se les cae el pelo, no tienen enfermedad dermatológica conocida, se tiran de el.

http://www.trichotillomaniauk.com/page20.htm

http://adam.about.com/encyclopedia/Trichotillomania-top-of-the-head.htm?once=true&

 

Saludos desde este rincón del Mediterraneo, Torrevieja.